lunes, 14 de septiembre de 2026

Sola...

Andar. Sola.
Entre la multitud distante.
Sentirse sola;
siempre aparte,
distinta, extraña... otra.
Un alma solitaria 
en un mar de conexiones
            (que no entiendo).

Una vida sola,
una rutina en calma, siempre yo...
Yo. Sola...
Yo. Conmigo.

Una ilusión que nace y rompe.
Una caída que parte y olvida.
Y, de pronto, ese camino sola tiembla,
se quiebra,
se hace añicos.

¿Cómo se hacía?
¿Cómo podía?
¿Cómo era?

La multitud ruge
Sientes que estorbas,
te recoges,
te cierras,
te escondes.

Hasta que un día,
de la nada...
Una luz. Una llama.

Algo dentro que brota.

Y encaja tan bien que casi asusta.

Ahí está
tu conexión,
tu magia,
tu sitio.

¿Sola?
Puede que nunca.

Capaz,
sincera,
valiente,
independiente.

Entonces el camino cambia.
O no, aunque parece otro.

Porque ahora estás Sola.
Con mayúsculas.

Ahora eres.

Y bailas sola,
y gritas sola,
y juegas sola,
y ríes.

Y sí, sigues caminando sola...
Pero ahora avanzas.
Con la cabeza bien alta.

Y sola.
Sí.
Orgullosamente sola.



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Ahora me toca leerte a mí, soy todo... ojos, supongo:

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