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jueves, 9 de julio de 2020

Arenera


Ella creía en un futuro que nunca llegaba,
guardaba los segundos gastados en su arenero
y cada noche repasaba recuerdos hasta dormirse.

Al despertar, vaciaba el terrario en pequeñas vasijas,
calentaba las ascuas y cerraba el vidrio con mimo,
sin fisuras, sin sobrantes...

Cuando llegó ese futuro que parecía tan lejano,
soltó sus relojes de arena
regaló sus sueños favoritos.

Así nació la magia,
en un tiempo compartido sin saberlo
entre millones de granos de arena.



domingo, 12 de abril de 2020

Abrir los ojos

El eco se adormece en mi ventana;
llantos de tiempo perdido,
gritos de caricias olvidadas,
el lamento de un corazón 
separado a la fuerza de su caja torácica. 

Con el caer de una tormenta lejana
veo reflejarse la luna 
en las entrañas de mi cuarto.
Imposible huir de ella,
pero incapaz de alcanzarla...

Su luz perfila los escombros,
la derrota va empapando mis raíces,
el futuro, en su cierre indefinido,
silencia el ruido.

Yo vuelvo a beber del silencio,
haciéndome otra vez uno con el vacío, 
viéndome caer bajo el miedo:
inmóvil, 
solitaria,
perdida...

Hasta que la noche roza mis labios
y los ojos que encierran 
dejan de ser los míos.


miércoles, 18 de marzo de 2020

Improvisación con Ana Wiya

Si contara las veces
que me caí del columpio
entre carcajadas
o perdí el último bus hasta casa
y volví bailando sin perder la sonrisa.

Si contara las veces
que salí sin llaves
y empecé de nuevo la noche
sin ninguna gana de volver.

Me volverías a llamar loca,
a pensar que me falta un tornillo,
cuando supieras que
aún confundo la sal con el azúcar
y soy incapaz de seguir una receta,
pero me salen las "crepés" de vicio
aunque se me peguen en la sartén
y no tenga nada que poner en ellas
- cuestión de improvisación -.

Hasta ahora ningún trasgolillo
se ha quejado demasiado
y Aijana viene conmigo
en el bolsillo
siempre que le da la gana.

(Un poema a dos manos con Ana Wiya y un poco de positivismo para esos tiempos que corren.)


miércoles, 12 de febrero de 2020

Apuesto

Me apuesto el miedo
a que esta vez ganamos.

Apuesto la risa
a que consigo que me añores
al menos por un segundo.

Me apuesto el olvido,
me apuesto el recuerdo,
a que consigo que un abrazo
rompa todos tus escudos
por completo,
quizá no tenga por qué ser el mío.

Apuesto el todo,
el alma,
el sueño,
me aferro a esta mano sin dudar siquiera.

Si me atreviera a lidiar con genios y gigantes,
apostaría mis promesas contra tus deseos,
y lograría quedar en tablas
dejando tus deudas en bancarrota
y el mundo con magia de oferta.

Foto de Gerlos

lunes, 30 de diciembre de 2019

Micro - Navidad

Nos dijeron que esta fiesta sí creía en la magia.
Y, por primera vez desde que aquel día creciera,
volví a creerme el cuento de los renos voladores;
porque el regalo llegó a mi puerta sin aviso,
y no sólo prometió quedarse
sino que lo hizo.


jueves, 6 de junio de 2019

You saw the magic

Hace un par de días subí Rusty Girl y es una poesía especial para mí, porque tiene canción (también en inglés), que escribí prácticamente a la vez. Por suerte para vuestros oídos, por aquí subo sólo la letra, que cantar no es lo mío. Espero que os guste =)


YOU SAW THE MAGIC
You saw on me the magic
You made me believe on it
You saw on me some power
You pushed me to believe on me

You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in.

My asteroid was crashing
But you were there for me
No words, no tears, no judging
Two hearts bumping the same dream.

Feeling free on our disasters
Never giving up so quick
You the best mentor on my madness
I’ll always thank you a world for this

You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in.

You’ve always been into warriors
Dragons worked better for me
So we made war on our canons
And we fought for our peace

Now we don’t really chat that often
We grew up separately
But don’t dare to think a minute
You cannot count on me.

You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in.

You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in...
You saw on me the magic you believed in
You saw on me the magic to believe on me


domingo, 14 de octubre de 2018

Poema (des)echado

Bajo la luna de abril
ya no caben más mentiras.
Se pudren rimas en sus verjas,
se agrietan sueños en sus horas,
se oxidan amores en su silencio.

Yo me quedo con las luces de las velas,
con la cera de tus cartas sin abrir,
con mis noches íntimas
bajo sábanas desgastadas.

Seamos serios,
París apagará su torre Eiffel,
pero a mi sueño, nunca le faltarán ganas.
La ciudad de la luz perderá su brillo,
pero yo
seguiré confiando en las llamas
de unos ojos encendidos.

Sed realistas.
Beber de la misma película, jode el romanticismo,
pero creedme si os digo
que jamás estremecerá de nuevo las entrañas,
que jamás forzará los límites del cielo,
jamás volará de nuevo sin batir las alas.

Basta de promesas de libro,
de versos reutilizados,
de bailar el son de otro instrumento.

Podrá no haber poesía en la palabra,
pero no os quepa duda;
yo
seguiré buscando magia en el mañana.


viernes, 6 de abril de 2018

Halcón Rojo #Cienciaficción


Al abrir los ojos, después de esa fatídica noche. Sintió su cuerpo romper sobre el frío granito. Cogió aire y levantó, como pudo, la mano que aún empuñaba el bastón de almendro. Intentó enfocar la vista en el viejo poster de los Kiss. Definitivamente era su habitación, tal y como la había dejado antes de salir de casa… Entonces… ¿había sido real?

Sentía las manos cubiertas de heridas, el corte del pecho ardía bajo el pijama y el bastón parecía tan real como lo había sido hacía apenas unas horas. Levantó las sábanas y miró su pierna derecha, si aquello no había sido un sueño, aún debería llevar las vendas de hojas de aloe protegiendo el ungüento “cogy” que había impedido que se desangrara en aquel campo rojo.

Por supuesto, allí estaba la venda, junto con los restos ensangrentados de su ropa y las inalterables marcas de su clan. “Eres un halcón rojo, no intentes huir de tu destino”, aquella fría voz, en un rostro tan negro como el mismísimo infierno. Esa… persona… había aparecido de la nada envuelto en llamas y había gritado su nombre… Fue una sensación tan…. ¿familiar? Juro que no lo había visto en la vida, pero sentía como si algo los uniera desde hacía muchos años.

Claro, que todo había pasado tan rápido... Seguramente, no fue más que una alucinación; un sueño extraño después de un golpe en el trabajo.

Apoyó el peso en la pierna izquierda y se ayudó del bastón para llegar al servicio. Vio su cara cubierta de polvo, su pijama rasgado, los cortes de las manos… y decidió que sería mejor darse una ducha. El agua ardía, dejando la piel al rojo vivo en lo que, supuso, pronto serían cicatrices. Siempre se había despejado con una buena ducha fría, pero algo desde su tobillo le empujaba a subir la temperatura.

Para su sorpresa, cuanto más calentaba el agua, menos dolían los cortes y… espera, ¿dónde estaban todos los cortes de sus manos? ¿Por qué ya no le ardía el pecho? Fijó la mirada en las vendas de aloe que se escapaban por el desagüe; tampoco parecían tener restos de sangre… No era posible, pero no había rastro alguno de cortes, arañazos ni quemaduras en todo su cuerpo.

Se enfundó los vaqueros de la silla, una camiseta cualquiera y salió de casa a toda prisa. Tenía que hablar con alguien, él sabría qué estaba pasando. Todo había empezado en aquella sala de tatuajes decrépita.

Ele buscó la tienda por cada esquina de aquel pueblucho, pero no encontró nada. No podía ser, lo había visto con sus propios ojos, había sentido las agujas, y aquella figura plateada brillaba en su tobillo como recién hecha.

Se fijó más en las líneas del dibujo, había algo que no había visto la noche anterior. Aquellas garras no eran una simple mancha en su piel, parecían unas huellas dactilares o algo así… Con sus venas, sus líneas…

Un segundo, Ele volvió a casa corriendo, de pronto comprendió algo que no podía ser cierto. Esas venas las había visto antes, no eran simples líneas al azar formando un dibujo. Eso era un… un circuito. No podía ser, pero no quedaban dudas, bajo la lupa de joyero de su padre estaba clarísimo; ¡le habían pintado un código electrónico en el tobillo!

Encendió el ordenador y buscó en internet, pero obviamente no encontró nada interesante; teorías paranoicas, conspiraciones, la revolución de las máquinas, leyendas antiguas…

Se acercó más al tatuaje, pasó la mano por encima para ver si había algún mecanismo y… De pronto volvió al mismo campo de la noche anterior. El terreno árido, un rojo brillante donde mirase, piezas de metal esparcidas por todas partes, marcas de explosiones, ese personaje que lo había llamado por su nombre…

   - ¡Ele! Menos mal que ya has vuelto, Ardnas está que trina por la pelea que causaste anoche, tienes que hablar con ella ya mismo

   - ¿Ardnas? ¿Y que yo empecé la pelea? Pero si ese animal casi me mata

   - Eso le he dicho yo, pero quiere verte a ti

Sin más, empujó a Ele sobre una tabla de hierro junto a él. De los laterales pronto salieron cristales y se cerraron en una media esfera sobre sus cabezas. La improvisada nave levitó unos kilómetros y frenó en seco antes de que Ele pudiera decir nada más.

   - Hemos llegado, yo te dejo aquí, buena suerte

Se abrió una puerta en mitad de una cantera y una mano tiró de Ele hacia su interior. Ardnas resultó ser una comandante de guerra que había conseguido desarrollar una tecnología inigualable. Al parecer la avispa que Ele había pisado sin querer la noche anterior era una de sus creaciones. También el holograma que escupía fuego y que casi lo quema todo, al parecer sólo defendía a la cría que Ele había aplastado.

   - Sé que toda esta información satura un poco así de golpe, tranquila, aquí estás a salvo. Marck lo ha explicado todo por ti, sólo queríamos darte la bienvenida

   - Ardnas, yo… sinceramente no entiendo nada de lo que me estás contando

   - Espera, ¿no te explicaron nada al hacerte eso?

  - ¿El tatuaje? Lo vi en la tienda nueva y decidí que sería un buen regalo de cumpleaños, siempre había querido un tribal, pero esto me llamó, no sé explicarlo

   - Claro que te llamó, es la llave a esta dimensión; Etram, tierra de la tecnología. Sólo la sangre de halcón acepta esa llave.

   - Halcón… eso dijo ¿Marck? anoche. ¿Qué… qué es?

   - ¿Los halcones? Somos los guardianes de este planeta. Tú nos creaste, ¿no te acuerdas? Has vuelto a casa, Ele, llevamos años esperándote

Ardnas tendió un viejo microchip a Ele y de pronto todo cobró sentido: Ella había creado ese mundo hacía 15 años, cuando le echaron de la fábrica porque decían que una mujer no podía ser ingeniera.

   - Entonces, ¿funcionó? ¿Sois… mis inteligencias autónomas?

   - Tus halcones, Ele, lo lograste. Bienvenida a tu mundo.

domingo, 14 de enero de 2018

Huellas borradas

Hoy vuelve la nostalgia
y solo quedan huellas
borradas en la nieve.

Tus suspiros rompen silencios eternos,
mis miradas traspasan fronteras prohibidas,
pero el lazo rojo del destino
no admite burdos nudos marineros…

Pobre el necio que cayó en la trampa,
ingenuo aquel que dio la vida
por un pasado más bien imperfecto.

Han pasado los años
y, de pronto, hoy descubro que jamás nos conocimos,
que nunca existió esa alma
a la que quise coserle la mía.

Hoy respiro tu ausencia con desgana,
acogiéndome a la ley del silencio,
para poder saborear los restos
de la musa maldita que nunca nos concedimos.


domingo, 8 de enero de 2017

Pide un deseo

Como apagar las luces en pleno invierno
y quedarse a oscuras el día entero,
imaginando jugar a ser invisibles.

Como soplar la última vela de la tarta
y esperar a que se vaya el humo,
para asegurarse de que se cumplirá el deseo.

Como apurar cada segundo
antes de salir de la cama y correr a la ducha,
casi con el edredón puesto.

Como volar con Peter Pan y los niños perdidos,
sin tener que rebuscar la magia
en el más recóndito de los recuerdos.

Como perderme en aquel castillo
donde sólo tú y yo
cabemos.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Sin editar

No tengo remedio
el frío ya ha entrado en mi ventana
y se han congelado los sueños
que escaparon aquella noche.

He intentado saltar,
he corrido a encender el fuego,
pero sigo teniendo el frío en el cuerpo
y creo que está empezando a cristalizar...

Entre mis manos se enfría un café
al que no he dado un sólo sorbo
y en la televisión una playa de mentira
irradia rayos de un sol muy lejano.

Me he vuelto loca probando locuras,
pero no he vuelto a sentir mis manos,
hasta que has entrado por la puerta
con la única que podría hacerme temblar...



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Azules...


Había algo en ella que me volvía loca; tenía la habilidad de dejarme sin palabras, a mí que no callo ni debajo del agua. Era algo especial, casi mágico, tan sólo una sonrisa y ya era suya, completamente suya, como una muñeca a su merced. Recuerdo el tacto de su piel, suave y frío como la antigua porcelana, sin un solo atisbo del paso de los años.

Solía perderme con ella, nos escondíamos entre cascadas y riscos de terracota, viajábamos de un mar a otro, buscando el lugar exacto para dar rienda suelta al animal salvaje que vivía en nosotras…

Un día, nos perdimos juntas en aquella playa y desde entonces no hemos querido movernos, nos quedamos congeladas… Hay quien lo llamaría un amor a primera vista… y es que Medusa tenía los ojos más azules, con los que jamás crucé miradas.


domingo, 28 de agosto de 2016

Escucha las voces



Hay voces
que aunque extrañas
suenan a casa,
a refugio,
a infancia…

Hay voces
que aun recién cosechadas
suenan sabias en nuestros oídos,
cariñosas, incluso,
maternales...

Hay voces
que aunque apagadas
iluminan el día,
la mañana que se había despertado gris,
el cielo oscuro del invierno…

Hay voces
que sin saberlo
suenan a 
“eso que andabas buscando”.

Hay voces
que
más que voces
son risa,
cura,
solución...

¡Música!


viernes, 10 de julio de 2015

La mente lo sabe - cap. 13


LA MENTE LO SABE
Una niña pequeña puede crecer, un árbol dar fruto, un animal morir, pero todos tienen una historia que contar, una vida (corta o larga) que narrar antes de viajar a otro mundo. Mónica contará su historia y nos introducirá al mundo de la belleza, a la destreza total de lo natural y a los secretos de la mente. Bajo la mirada y la protección de Shrilka, Mónica luchará por un motivo justo: volver a casa.



Capítulo 13 – El hielo del dragón

Shrilka no entendía nada, cuando Mónica había despertado lo había llamado ¿PAPÁ? ¿Qué se supone que significaba eso? No tenía sentido, y encima parece que es el único al que le sorprende…

-         Sharick, ¿qué está pasando?
-         Bueno, no lo sé de seguro, pero… creo que tengo una teoría que podría ser factible.
-     Maestrucha, déjate de chorradas y dime lo que estás pensando. Sé que habéis estado ocultándome cosas estos días para que no me preocupara, pero eso se acaba aquí. No creo que quieras ver a un dragón enfadado y esa pequeña humana que lleva una semana ocupando tu cama es lo mejor que me ha pasado en la vida y lo más importante que tengo, así que no juegues con su salud.
-       ¿Te crees que no lo sé? ¿A caso olvidas que también es importante para mí? ¿Qué cara crees que se me ha quedado cuando la he oído llamarte “papá”? No juegues la carta del dragón conmigo, Sorlain, sabes de sobra que no serías el primero contra el que me enfrente.

Maestra y dragón, cara a cara en la nieve parecían disponerse para luchar. Cada vez hablaban más alto, gritaban más fuerte, sonaban más enfadados y respiraban de forma entrecortada.

Con un rugido desgarrador, Shrilka levantó el vuelo y se tiró en picado contra la maestra del Kia.

-         Puede que te hayas enfrentado a muchos dragones, pero nunca a mí.

Sharick se envolvió en un campo de energía y saltó segundos antes de que el dragón impactara contra la superficie que antes había ocupado su cuerpo. Aun en el aire, lanzó una bola de fuego hacia las alas traseras, pero falló por muy poco. Shrilka, enfadado, alcanzó a la maestra con su cola haciéndola perder el equilibrio.

-         Srill, no me obligues a hacerte daño.

Parecía que el hecho de haber caído al suelo estaba dándole fuerzas, como si el Kia que aun residía en aquel mundo pudiera canalizarse a través de su cuerpo y adquirir forma. Así, De las manos de Sharick surgieron dos bloques de hielo pulido en forma de cañón con los que apuntó directamente a la cara del dragón.

Shrilka trató de moverse, pero el hielo bajo sus patas lo había atrapado y fue incapaz. Intentó fundirlo con su fuego, pero no parecía surtir efecto. Levantó la mirada justo a tiempo de esquivar el proyectil helado que la maestra había enviado a través de uno del cañón de su brazo derecho.

El siguiente proyectil, no obstante, no se hizo esperar, pero esta vez Shrilka no se apartó. Justo cuando éste estaba a punto de llegar a su cara, el dragón abrió la boca y se lo tragó.

-         ¿Estás loco? Es hielo puro y eres una criatura de fuego, ¡te matará! – gritó Toru que acababa de entrar en escena al escuchar tanto jaleo fuera de la cueva.
 -         No, no lo hará – añadió Mónica con una gran sonrisa.

Y así fue, frente al asombro de todos, salvo de la niña, el dragón abrió de nuevo las fauces y empezó a expulsar versiones más pequeñas del proyectil que había tragado, con una ligera modificación; ahora el hielo ocultaba en su interior una llama azul celeste.

El escudo de energía que se había colocado Sharick la libró de la mayor parte de los proyectiles, pero fue Toru quien paró el último bateándolo con una roca alargada. Cuando regresó al dragón, la llama consumió el hielo y perdió toda la fuerza, por lo que no llegó a herir su escamosa piel.

-       Siempre me ha encantado ese truco – dijo la niña – es un espectáculo precioso, ¿no crees? – añadió mirando a Toru con la cara completamente iluminada.
-      ¿Un espectáculo precioso? ¿Shrilka y Sharick han estado a punto de matarse y a ti te parece “precioso”? ¡Esto es increíble!

Por suerte, la alegría de Mónica, aunque incomprensible, había resultado útil. El dragón y la maestra del Kia habían dejado de combatir y se miraban incrédulos.

-         No… no sé qué me ha pasado
-        Yo tampoco lo sé, grandullón. Estábamos hablando y de pronto… Es como si toda la ira, el dolor y la impotencia que he estado acumulando estos días hubieran estallado contra quien más cerca estuviese.
-      Sí, yo he sentido lo mismo. Menos mal que ha sido contra una digna oponente, no creo que muchos más hubiesen aguantado el tipo como tú.
-         Lo mimo digo, Srill, lo mismo digo…

Los dos parecían cansados, nunca se habían peleado, pero siempre habían sabido que ninguno de los dos podría ganar esa batalla. Hoy eso había quedado claro. Solo faltaba concretar un último detalle; ¿qué pasaba con Mónica? ¿Y por qué sabía que el hielo puro no lo mataría, cuando ni el propio Shrilka estaba seguro de ello?


Lo dejaron pasar, por el momento, y comieron todos en silencio. Terminada la comida, Toru fue a consultar sus libros, Sharick se fue a dormir (ya que no había descansado demasiado desde la batalla con Ransrik) y en la mesa quedaron solos el dragón y la niña.

-         ¿Puedo hacerte una pregunta, pequeña?
-         Claro, papá
-         Mejor que sean dos…

La niña le miró sorprendida sin entender cuál era el problema.

-         ¿Por qué me llamas papá?
-         Eres mi padre – dijo como si fuese lo más obvio del mundo
-         ¿Desde cuando?
-         Eh... pues desde que nací, supongo
-       Siento decírtelo, pequeña, pero… no. Nunca me he considerado tu padre, más bien… tu amigo, tu compañero. Pero nunca me habías llamado padre…
-         Bueno, ya… ya lo hablaremos, supongo que el viaje a este sitio (donde quiera que sea) te ha descolocado. ¿Cuál es tu otra pregunta?

Shrilka obvió el comentario y, bajando la cabeza, preguntó lo que llevaba tanto tiempo pensando.

-         ¿Cómo sabías que..?
-         ¿Que no te mataría?

Shrilka asintió.

-         Sencillo, tal y como explicó Kana; el hielo puro creado por el Kia de una maestra al unirse con el de la tierra es una de las sustancias elementales, por lo que tiene mucho poder y podría llegar a matar a muchas de las criaturas que conocemos. Pero tú eres un dragón, esas cosas no se aplican a vosotros.
-      No lo entiendo. Es verdad que tenemos más resistencia que la mayoría de criaturas, pero no somos inmunes al Kia, nuestras escamas no nos protegen de las energías puras.
-         No, las escamas os protegen de muchas cosas, pero es vuestro Kia el que se ocupa de los ataques de energía.
-         ¿Mi Kia? Eso es imposible, yo no sé controlar el Kia.
-         Jejejejeje. Pues claro que no, no eres un maestro, ¿cómo se te ocurren esas cosas? Me refiero a la primera energía, la que creó el mundo, la que dispersó el Kia que hoy manejamos los llamados “maestros”. ¿Tampoco te acuerdas de eso?
-      No, nunca lo había pensado. Simplemente acepté que habíamos surgido los dragones al igual que lo habían hecho el resto de criaturas, solo que unos años antes.
-      Bueno, más o menos así fue. Pero al ser tan pocos, pudisteis conservar parte de esa energía dentro de vosotros. Por eso podéis controlar las sustancias elementales, al fin y al cabo provienen de la misma energía que os creó a vosotros.
-         Es curioso que tú sepas eso y no lo sepa yo.
-      Sí… muy curioso, teniendo en cuenta que fue Kana quien insistió para que me lo contaras, aunque decías que era aún muy joven para saber esas cosas.
-         No haces más que mencionar a esa tal Kana ¿quién es? ¿Una compañera de clase?
-         ¿Compañera de clase? No, es… bueno, la chamana de los Jipantinos, pero siempre está por ahí ayudando a los nuestros. No me puedo creer que no te acuerdes de ella.

Toru, en su habitación, había apartado sus libros y ahora escuchaba a escondidas la conversación.

-         ¿Kana? Sí, eso ha dicho, pero… ¿de qué conocer esta niña a mi hermana?

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