Por las historias que rondan tu mente. Por las ganas de cambiar el mundo. Por las rimas. Por la música. Por el arte... El primer puercoespín enamorado de las letras comparte sus cuadernos de poesía. Cuidado, puede ser muy dulce o utilizar sus púas.
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jueves, 9 de julio de 2020
Arenera
Ella creía en un futuro que nunca llegaba,
guardaba los segundos gastados en su arenero
y cada noche repasaba recuerdos hasta dormirse.
Al despertar, vaciaba el terrario en pequeñas vasijas,
calentaba las ascuas y cerraba el vidrio con mimo,
sin fisuras, sin sobrantes...
Cuando llegó ese futuro que parecía tan lejano,
soltó sus relojes de arena
regaló sus sueños favoritos.
Así nació la magia,
en un tiempo compartido sin saberlo
entre millones de granos de arena.
domingo, 12 de abril de 2020
Abrir los ojos
El eco se adormece en mi ventana;
llantos de tiempo perdido,
gritos de caricias olvidadas,
el lamento de un corazón
separado a la fuerza de su caja torácica.
Con el caer de una tormenta lejana
veo reflejarse la luna
en las entrañas de mi cuarto.
Imposible huir de ella,
pero incapaz de alcanzarla...
Su luz perfila los escombros,
la derrota va empapando mis raíces,
el futuro, en su cierre indefinido,
silencia el ruido.
Yo vuelvo a beber del silencio,
haciéndome otra vez uno con el vacío,
viéndome caer bajo el miedo:
inmóvil,
solitaria,
perdida...
Hasta que la noche roza mis labios
y los ojos que encierran
dejan de ser los míos.
miércoles, 18 de marzo de 2020
Improvisación con Ana Wiya
Si contara las veces
que me caí del columpio
entre carcajadas
o perdí el último bus hasta casa
y volví bailando sin perder la sonrisa.
Si contara las veces
que salí sin llaves
y empecé de nuevo la noche
sin ninguna gana de volver.
Me volverías a llamar loca,
a pensar que me falta un tornillo,
cuando supieras que
aún confundo la sal con el azúcar
y soy incapaz de seguir una receta,
pero me salen las "crepés" de vicio
aunque se me peguen en la sartén
y no tenga nada que poner en ellas
- cuestión de improvisación -.
Hasta ahora ningún trasgolillo
se ha quejado demasiado
y Aijana viene conmigo
en el bolsillo
siempre que le da la gana.
que me caí del columpio
entre carcajadas
o perdí el último bus hasta casa
y volví bailando sin perder la sonrisa.
Si contara las veces
que salí sin llaves
y empecé de nuevo la noche
sin ninguna gana de volver.
Me volverías a llamar loca,
a pensar que me falta un tornillo,
cuando supieras que
aún confundo la sal con el azúcar
y soy incapaz de seguir una receta,
pero me salen las "crepés" de vicio
aunque se me peguen en la sartén
y no tenga nada que poner en ellas
- cuestión de improvisación -.
Hasta ahora ningún trasgolillo
se ha quejado demasiado
y Aijana viene conmigo
en el bolsillo
siempre que le da la gana.
miércoles, 12 de febrero de 2020
Apuesto
Me apuesto el miedo
a que esta vez ganamos.
Apuesto la risa
a que consigo que me añores
al menos por un segundo.
Me apuesto el olvido,
me apuesto el recuerdo,
a que consigo que un abrazo
rompa todos tus escudos
por completo,
quizá no tenga por qué ser el mío.
Apuesto el todo,
el alma,
el sueño,
me aferro a esta mano sin dudar siquiera.
Si me atreviera a lidiar con genios y gigantes,
apostaría mis promesas contra tus deseos,
y lograría quedar en tablas
dejando tus deudas en bancarrota
y el mundo con magia de oferta.
a que esta vez ganamos.
Apuesto la risa
a que consigo que me añores
al menos por un segundo.
Me apuesto el olvido,
me apuesto el recuerdo,
a que consigo que un abrazo
rompa todos tus escudos
por completo,
quizá no tenga por qué ser el mío.
Apuesto el todo,
el alma,
el sueño,
me aferro a esta mano sin dudar siquiera.
Si me atreviera a lidiar con genios y gigantes,
apostaría mis promesas contra tus deseos,
y lograría quedar en tablas
dejando tus deudas en bancarrota
y el mundo con magia de oferta.
![]() |
| Foto de Gerlos |
lunes, 30 de diciembre de 2019
Micro - Navidad
Nos dijeron que esta fiesta sí creía en la magia.
Y, por primera vez desde que aquel día creciera,
volví a creerme el cuento de los renos voladores;
porque el regalo llegó a mi puerta sin aviso,
y no sólo prometió quedarse
sino que lo hizo.
jueves, 6 de junio de 2019
You saw the magic
Hace un par de días subí Rusty Girl y es una poesía especial para mí, porque tiene canción (también en inglés), que escribí prácticamente a la vez. Por suerte para vuestros oídos, por aquí subo sólo la letra, que cantar no es lo mío. Espero que os guste =)
YOU SAW THE MAGIC
You saw on me the magic
You made me believe on it
You saw on me some power
You pushed me to believe on me
You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in.
My asteroid was crashing
But you were there for me
No words, no tears, no judging
Two hearts bumping the same dream.
Feeling free on our disasters
Never giving up so quick
You the best mentor on my madness
I’ll always thank you a world for this
You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in.
You’ve always been into warriors
Dragons worked better for me
So we made war on our canons
And we fought for our peace
Now we don’t really chat that often
We grew up separately
But don’t dare to think a minute
You cannot count on me.
You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in.
You were the one who gave me presence
Who made me be the one I am today
You taught me life was not always this easy
You saw on me the magic you believed in...
You saw on me the magic you believed in
You saw on me the magic to believe on me
domingo, 14 de octubre de 2018
Poema (des)echado
Bajo la luna de abril
ya no caben más mentiras.
Se pudren rimas en sus verjas,
se agrietan sueños en sus horas,
se oxidan amores en su silencio.
Yo me quedo con las luces de las velas,
con la cera de tus cartas sin abrir,
con mis noches íntimas
bajo sábanas desgastadas.
Seamos serios,
París apagará su torre Eiffel,
pero a mi sueño, nunca le faltarán ganas.
La ciudad de la luz perderá su brillo,
pero yo
seguiré confiando en las llamas
de unos ojos encendidos.
Sed realistas.
Beber de la misma película, jode el romanticismo,
pero creedme si os digo
que jamás estremecerá de nuevo las entrañas,
que jamás forzará los límites del cielo,
jamás volará de nuevo sin batir las alas.
Basta de promesas de libro,
de versos reutilizados,
de bailar el son de otro instrumento.
Podrá no haber poesía en la palabra,
pero no os quepa duda;
yo
seguiré buscando magia en el mañana.
ya no caben más mentiras.
Se pudren rimas en sus verjas,
se agrietan sueños en sus horas,
se oxidan amores en su silencio.
Yo me quedo con las luces de las velas,
con la cera de tus cartas sin abrir,
con mis noches íntimas
bajo sábanas desgastadas.
Seamos serios,
París apagará su torre Eiffel,
pero a mi sueño, nunca le faltarán ganas.
La ciudad de la luz perderá su brillo,
pero yo
seguiré confiando en las llamas
de unos ojos encendidos.
Sed realistas.
Beber de la misma película, jode el romanticismo,
pero creedme si os digo
que jamás estremecerá de nuevo las entrañas,
que jamás forzará los límites del cielo,
jamás volará de nuevo sin batir las alas.
Basta de promesas de libro,
de versos reutilizados,
de bailar el son de otro instrumento.
Podrá no haber poesía en la palabra,
pero no os quepa duda;
yo
seguiré buscando magia en el mañana.
viernes, 6 de abril de 2018
Halcón Rojo #Cienciaficción
Al abrir los
ojos, después de esa fatídica noche. Sintió su cuerpo romper sobre el frío
granito. Cogió aire y levantó, como pudo, la mano que aún empuñaba el bastón de
almendro. Intentó enfocar la vista en el viejo poster de los Kiss.
Definitivamente era su habitación, tal y como la había dejado antes de salir de
casa… Entonces… ¿había sido real?
Sentía las
manos cubiertas de heridas, el corte del pecho ardía bajo el pijama y el bastón
parecía tan real como lo había sido hacía apenas unas horas. Levantó las
sábanas y miró su pierna derecha, si aquello no había sido un sueño, aún
debería llevar las vendas de hojas de aloe protegiendo el ungüento “cogy” que
había impedido que se desangrara en aquel campo rojo.
Por supuesto,
allí estaba la venda, junto con los restos ensangrentados de su ropa y las
inalterables marcas de su clan. “Eres un halcón rojo, no intentes huir de tu
destino”, aquella fría voz, en un rostro tan negro como el mismísimo infierno.
Esa… persona… había aparecido de la nada envuelto en llamas y había gritado su
nombre… Fue una sensación tan…. ¿familiar? Juro que no lo había visto en la
vida, pero sentía como si algo los uniera desde hacía muchos años.
Claro, que todo
había pasado tan rápido... Seguramente, no fue más que una alucinación; un
sueño extraño después de un golpe en el trabajo.
Apoyó el peso
en la pierna izquierda y se ayudó del bastón para llegar al servicio. Vio su
cara cubierta de polvo, su pijama rasgado, los cortes de las manos… y decidió
que sería mejor darse una ducha. El agua ardía, dejando la piel al rojo vivo en
lo que, supuso, pronto serían cicatrices. Siempre se había despejado con una
buena ducha fría, pero algo desde su tobillo le empujaba a subir la
temperatura.
Para su
sorpresa, cuanto más calentaba el agua, menos dolían los cortes y… espera,
¿dónde estaban todos los cortes de sus manos? ¿Por qué ya no le ardía el pecho?
Fijó la mirada en las vendas de aloe que se escapaban por el desagüe; tampoco
parecían tener restos de sangre… No era posible, pero no había rastro alguno de
cortes, arañazos ni quemaduras en todo su cuerpo.
Se enfundó los
vaqueros de la silla, una camiseta cualquiera y salió de casa a toda prisa.
Tenía que hablar con alguien, él sabría qué estaba pasando. Todo había empezado
en aquella sala de tatuajes decrépita.
Ele buscó la
tienda por cada esquina de aquel pueblucho, pero no encontró nada. No podía
ser, lo había visto con sus propios ojos, había sentido las agujas, y aquella
figura plateada brillaba en su tobillo como recién hecha.
Se fijó más en
las líneas del dibujo, había algo que no había visto la noche anterior.
Aquellas garras no eran una simple mancha en su piel, parecían unas huellas
dactilares o algo así… Con sus venas, sus líneas…
Un segundo, Ele
volvió a casa corriendo, de pronto comprendió algo que no podía ser cierto.
Esas venas las había visto antes, no eran simples líneas al azar formando un
dibujo. Eso era un… un circuito. No podía ser, pero no quedaban dudas, bajo la
lupa de joyero de su padre estaba clarísimo; ¡le habían pintado un código
electrónico en el tobillo!
Encendió el
ordenador y buscó en internet, pero obviamente no encontró nada interesante;
teorías paranoicas, conspiraciones, la revolución de las máquinas, leyendas
antiguas…
Se acercó más
al tatuaje, pasó la mano por encima para ver si había algún mecanismo y… De
pronto volvió al mismo campo de la noche anterior. El terreno árido, un rojo
brillante donde mirase, piezas de metal esparcidas por todas partes, marcas de
explosiones, ese personaje que lo había llamado por su nombre…
- ¡Ele! Menos
mal que ya has vuelto, Ardnas está que trina por la pelea que causaste anoche,
tienes que hablar con ella ya mismo
- ¿Ardnas? ¿Y que yo empecé la pelea? Pero si ese animal casi me mata
- Eso le he dicho yo, pero quiere verte a ti
- ¿Ardnas? ¿Y que yo empecé la pelea? Pero si ese animal casi me mata
- Eso le he dicho yo, pero quiere verte a ti
Sin más, empujó
a Ele sobre una tabla de hierro junto a él. De los laterales pronto salieron
cristales y se cerraron en una media esfera sobre sus cabezas. La improvisada
nave levitó unos kilómetros y frenó en seco antes de que Ele pudiera decir nada
más.
- Hemos
llegado, yo te dejo aquí, buena suerte
Se abrió una
puerta en mitad de una cantera y una mano tiró de Ele hacia su interior. Ardnas
resultó ser una comandante de guerra que había conseguido desarrollar una
tecnología inigualable. Al parecer la avispa que Ele había pisado sin querer la
noche anterior era una de sus creaciones. También el holograma que escupía
fuego y que casi lo quema todo, al parecer sólo defendía a la cría que Ele
había aplastado.
- Sé que toda
esta información satura un poco así de golpe, tranquila, aquí estás a salvo.
Marck lo ha explicado todo por ti, sólo queríamos darte la bienvenida
- Ardnas, yo…
sinceramente no entiendo nada de lo que me estás contando
- Espera, ¿no
te explicaron nada al hacerte eso?
- ¿El tatuaje?
Lo vi en la tienda nueva y decidí que sería un buen regalo de cumpleaños,
siempre había querido un tribal, pero esto me llamó, no sé explicarlo
- Claro que te
llamó, es la llave a esta dimensión; Etram, tierra de la tecnología. Sólo la
sangre de halcón acepta esa llave.
- Halcón… eso
dijo ¿Marck? anoche. ¿Qué… qué es?
- ¿Los halcones?
Somos los guardianes de este planeta. Tú nos creaste, ¿no te acuerdas? Has
vuelto a casa, Ele, llevamos años esperándote
Ardnas tendió
un viejo microchip a Ele y de pronto todo cobró sentido: Ella había creado ese
mundo hacía 15 años, cuando le echaron de la fábrica porque decían que una
mujer no podía ser ingeniera.
- Entonces,
¿funcionó? ¿Sois… mis inteligencias autónomas?
- Tus halcones,
Ele, lo lograste. Bienvenida a tu mundo.
domingo, 14 de enero de 2018
Huellas borradas
Hoy vuelve
la nostalgia
y solo quedan
huellas
borradas en
la nieve.
Tus suspiros
rompen silencios eternos,
mis miradas
traspasan fronteras prohibidas,
pero el lazo
rojo del destino
no admite burdos
nudos marineros…
Pobre el
necio que cayó en la trampa,
ingenuo aquel
que dio la vida
por un
pasado más bien imperfecto.
Han pasado
los años
y, de pronto,
hoy descubro que jamás nos conocimos,
que nunca
existió esa alma
a la que
quise coserle la mía.
Hoy respiro
tu ausencia con desgana,
acogiéndome a
la ley del silencio,
para poder
saborear los restos
de la musa
maldita que nunca nos concedimos.
domingo, 8 de enero de 2017
Pide un deseo
Como apagar las luces en pleno invierno
y quedarse a oscuras el día entero,
imaginando jugar a ser invisibles.
Como soplar la última vela de la tarta
y esperar a que se vaya el humo,
para asegurarse de que se cumplirá el deseo.
Como apurar cada segundo
antes de salir de la cama y correr a la ducha,
casi con el edredón puesto.
Como volar con Peter Pan y los niños perdidos,
sin tener que rebuscar la magia
en el más recóndito de los recuerdos.
Como perderme en aquel castillo
donde sólo tú y yo
cabemos.
y quedarse a oscuras el día entero,
imaginando jugar a ser invisibles.
Como soplar la última vela de la tarta
y esperar a que se vaya el humo,
para asegurarse de que se cumplirá el deseo.
Como apurar cada segundo
antes de salir de la cama y correr a la ducha,
casi con el edredón puesto.
Como volar con Peter Pan y los niños perdidos,
sin tener que rebuscar la magia
en el más recóndito de los recuerdos.
Como perderme en aquel castillo
donde sólo tú y yo
cabemos.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Sin editar
No tengo remedio
el frío ya ha entrado en mi ventana
y se han congelado los sueños
que escaparon aquella noche.
He intentado saltar,
he corrido a encender el fuego,
pero sigo teniendo el frío en el cuerpo
y creo que está empezando a cristalizar...
Entre mis manos se enfría un café
al que no he dado un sólo sorbo
y en la televisión una playa de mentira
irradia rayos de un sol muy lejano.
Me he vuelto loca probando locuras,
pero no he vuelto a sentir mis manos,
hasta que has entrado por la puerta
con la única que podría hacerme temblar...
el frío ya ha entrado en mi ventana
y se han congelado los sueños
que escaparon aquella noche.
He intentado saltar,
he corrido a encender el fuego,
pero sigo teniendo el frío en el cuerpo
y creo que está empezando a cristalizar...
Entre mis manos se enfría un café
al que no he dado un sólo sorbo
y en la televisión una playa de mentira
irradia rayos de un sol muy lejano.
Me he vuelto loca probando locuras,
pero no he vuelto a sentir mis manos,
hasta que has entrado por la puerta
con la única que podría hacerme temblar...
miércoles, 23 de noviembre de 2016
Azules...
Había algo en ella que me volvía loca; tenía la habilidad de dejarme sin palabras, a mí que no callo ni debajo del agua. Era algo especial, casi mágico, tan sólo una sonrisa y ya era suya, completamente suya, como una muñeca a su merced. Recuerdo el tacto de su piel, suave y frío como la antigua porcelana, sin un solo atisbo del paso de los años.
Solía perderme con ella, nos escondíamos entre cascadas y riscos de terracota, viajábamos de un mar a otro, buscando el lugar exacto para dar rienda suelta al animal salvaje que vivía en nosotras…
Un día, nos perdimos juntas en aquella playa y desde entonces no hemos querido movernos, nos quedamos congeladas… Hay quien lo llamaría un amor a primera vista… y es que Medusa tenía los ojos más azules, con los que jamás crucé miradas.
domingo, 28 de agosto de 2016
Escucha las voces
Hay
voces
que
aunque extrañas
suenan a
casa,
a refugio,
a infancia…
Hay
voces
que aun
recién cosechadas
suenan sabias en nuestros oídos,
cariñosas,
incluso,
maternales...
Hay
voces
que
aunque apagadas
iluminan
el día,
la mañana
que se había despertado gris,
el cielo
oscuro del invierno…
Hay voces
que sin
saberlo
suenan a
“eso que andabas buscando”.
Hay voces
que
más que
voces
son risa,
cura,
solución...
¡Música!
viernes, 10 de julio de 2015
La mente lo sabe - cap. 13
LA MENTE LO SABE
Una niña pequeña puede crecer, un árbol dar
fruto, un animal morir, pero todos tienen una historia que contar, una vida
(corta o larga) que narrar antes de viajar a otro mundo. Mónica contará su
historia y nos introducirá al mundo de la belleza, a la destreza total de lo
natural y a los secretos de la mente. Bajo la mirada y la protección de Shrilka,
Mónica luchará por un motivo justo: volver a casa.
Capítulo 13 – El hielo del dragón
Shrilka no entendía
nada, cuando Mónica había despertado
lo había llamado ¿PAPÁ? ¿Qué se supone que significaba eso? No tenía sentido, y
encima parece que es el único al que le sorprende…
-
Sharick, ¿qué está pasando?
-
Bueno, no lo sé de seguro, pero… creo que
tengo una teoría que podría ser factible.
- Maestrucha, déjate de chorradas y dime lo
que estás pensando. Sé que habéis estado ocultándome cosas estos días para que
no me preocupara, pero eso se acaba aquí. No creo que quieras ver a un dragón
enfadado y esa pequeña humana que lleva una semana ocupando tu cama es lo mejor
que me ha pasado en la vida y lo más importante que tengo, así que no juegues
con su salud.
-
¿Te crees que no lo sé? ¿A caso olvidas
que también es importante para mí? ¿Qué cara crees que se me ha quedado cuando
la he oído llamarte “papá”? No juegues la carta del dragón conmigo, Sorlain,
sabes de sobra que no serías el primero contra el que me enfrente.
Maestra y dragón, cara
a cara en la nieve parecían disponerse para luchar. Cada vez hablaban más alto,
gritaban más fuerte, sonaban más enfadados y respiraban de forma entrecortada.
Con un rugido
desgarrador, Shrilka levantó el vuelo y se tiró en picado contra la maestra del
Kia.
-
Puede que te hayas enfrentado a muchos
dragones, pero nunca a mí.
Sharick se envolvió en
un campo de energía y saltó segundos antes de que el dragón impactara contra la
superficie que antes había ocupado su cuerpo. Aun en el aire, lanzó una bola de
fuego hacia las alas traseras, pero falló por muy poco. Shrilka, enfadado,
alcanzó a la maestra con su cola haciéndola perder el equilibrio.
-
Srill, no me obligues a hacerte daño.
Parecía que el hecho de
haber caído al suelo estaba dándole fuerzas, como si el Kia que aun residía en
aquel mundo pudiera canalizarse a través de su cuerpo y adquirir forma. Así, De
las manos de Sharick surgieron dos bloques de hielo pulido en forma de cañón
con los que apuntó directamente a la cara del dragón.
Shrilka
trató de moverse, pero el hielo bajo sus patas lo había atrapado y fue incapaz.
Intentó fundirlo con su fuego, pero no parecía surtir efecto. Levantó la mirada
justo a tiempo de esquivar el proyectil helado que la maestra había enviado a
través de uno del cañón de su brazo derecho.
El
siguiente proyectil, no obstante, no se hizo esperar, pero esta vez Shrilka no
se apartó. Justo cuando éste estaba a punto de llegar a su cara, el dragón
abrió la boca y se lo tragó.
-
¿Estás loco? Es hielo puro y eres una
criatura de fuego, ¡te matará! – gritó Toru que acababa de entrar en escena al
escuchar tanto jaleo fuera de la cueva.
-
No, no lo hará – añadió Mónica con una gran sonrisa.
Y
así fue, frente al asombro de todos, salvo de la niña, el dragón abrió de nuevo
las fauces y empezó a expulsar versiones más pequeñas del proyectil que había
tragado, con una ligera modificación; ahora el hielo ocultaba en su interior
una llama azul celeste.
El
escudo de energía que se había colocado Sharick la libró de la mayor parte de
los proyectiles, pero fue Toru quien paró el último bateándolo con una roca
alargada. Cuando regresó al dragón, la llama consumió el hielo y perdió toda la
fuerza, por lo que no llegó a herir su escamosa piel.
- Siempre me ha encantado ese truco – dijo la
niña – es un espectáculo precioso, ¿no crees? – añadió mirando a Toru con la
cara completamente iluminada.
- ¿Un espectáculo precioso? ¿Shrilka y
Sharick han estado a punto de matarse y a ti te parece “precioso”? ¡Esto es
increíble!
Por
suerte, la alegría de Mónica, aunque
incomprensible, había resultado útil. El dragón y la maestra del Kia habían
dejado de combatir y se miraban incrédulos.
-
No… no sé qué me ha pasado
- Yo tampoco lo sé, grandullón. Estábamos
hablando y de pronto… Es como si toda la ira, el dolor y la impotencia que he
estado acumulando estos días hubieran estallado contra quien más cerca
estuviese.
- Sí, yo he sentido lo mismo. Menos mal que
ha sido contra una digna oponente, no creo que muchos más hubiesen aguantado el
tipo como tú.
-
Lo mimo digo, Srill, lo mismo digo…
Los
dos parecían cansados, nunca se habían peleado, pero siempre habían sabido que
ninguno de los dos podría ganar esa batalla. Hoy eso había quedado claro. Solo
faltaba concretar un último detalle; ¿qué pasaba con Mónica? ¿Y por qué sabía
que el hielo puro no lo mataría, cuando ni el propio Shrilka estaba seguro de
ello?
Lo
dejaron pasar, por el momento, y comieron todos en silencio. Terminada la
comida, Toru fue a consultar sus libros, Sharick se fue a dormir (ya que no
había descansado demasiado desde la batalla con Ransrik) y en la mesa quedaron
solos el dragón y la niña.
-
¿Puedo hacerte una pregunta, pequeña?
-
Claro, papá
-
Mejor que sean dos…
La
niña le miró sorprendida sin entender cuál era el problema.
-
¿Por qué me llamas papá?
-
Eres mi padre – dijo como si fuese lo más
obvio del mundo
-
¿Desde cuando?
-
Eh... pues desde que nací, supongo
- Siento decírtelo, pequeña, pero… no.
Nunca me he considerado tu padre, más bien… tu amigo, tu compañero. Pero nunca
me habías llamado padre…
-
Bueno, ya… ya lo hablaremos, supongo que
el viaje a este sitio (donde quiera que sea) te ha descolocado. ¿Cuál es tu
otra pregunta?
Shrilka
obvió el comentario y, bajando la cabeza, preguntó lo que llevaba tanto tiempo
pensando.
-
¿Cómo sabías que..?
-
¿Que no te mataría?
Shrilka
asintió.
-
Sencillo, tal y como explicó Kana; el
hielo puro creado por el Kia de una maestra al unirse con el de la tierra es
una de las sustancias elementales, por lo que tiene mucho poder y podría llegar
a matar a muchas de las criaturas que conocemos. Pero tú eres un dragón, esas
cosas no se aplican a vosotros.
-
No lo entiendo. Es verdad que tenemos más
resistencia que la mayoría de criaturas, pero no somos inmunes al Kia, nuestras
escamas no nos protegen de las energías puras.
-
No, las escamas os protegen de muchas
cosas, pero es vuestro Kia el que se ocupa de los ataques de energía.
-
¿Mi Kia? Eso es imposible, yo no sé
controlar el Kia.
-
Jejejejeje. Pues claro que no, no eres un
maestro, ¿cómo se te ocurren esas cosas? Me refiero a la primera energía, la
que creó el mundo, la que dispersó el Kia que hoy manejamos los llamados “maestros”.
¿Tampoco te acuerdas de eso?
- No, nunca lo había pensado. Simplemente
acepté que habíamos surgido los dragones al igual que lo habían hecho el resto
de criaturas, solo que unos años antes.
- Bueno, más o menos así fue. Pero al ser
tan pocos, pudisteis conservar parte de esa energía dentro de vosotros. Por eso
podéis controlar las sustancias elementales, al fin y al cabo provienen de la
misma energía que os creó a vosotros.
-
Es curioso que tú sepas eso y no lo sepa
yo.
- Sí… muy curioso, teniendo en cuenta que
fue Kana quien insistió para que me lo contaras, aunque decías que era aún muy
joven para saber esas cosas.
-
No haces más que mencionar a esa tal Kana
¿quién es? ¿Una compañera de clase?
-
¿Compañera de clase? No, es… bueno, la
chamana de los Jipantinos, pero siempre está por ahí ayudando a los nuestros.
No me puedo creer que no te acuerdes de ella.
Toru,
en su habitación, había apartado sus libros y ahora escuchaba a escondidas la
conversación.
-
¿Kana? Sí, eso ha dicho, pero… ¿de qué
conocer esta niña a mi hermana?
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