Buscarse en la lejanía
con miedo a encontrarse en otros zapatos,
andar por metas desmedidas
y torcer en los renglones,
hasta reabrir todas las heridas.
Dudar de la palabra escrita y de cada gesto,
menospreciar el valor del cuerpo
como gran chivato de decepciones.
Perderse sin sentido,
encontrarse sin fuerzas…
Desnudarse
tan sólo a oscuras.
Aprendimos a fingir sonrisas
hasta en el ojo de la tormenta,
para acallar el gris ceniza
de nuestro pecho ajado.
Desterramos miedos al mañana
sin afrontar vacíos de absoluta presencia.
Nos volvimos espectadores de nuestra historia
sin okupa en el corazón
que baile al son de cada paso en falso.
Nos sentimos libres de carga;
sin pena ni gloria,
sin pasado ni olvido…
Malsoñantes
a la deriva de la noche.
Pero lloverán carencias.
Caerán las estalactitas
y esta oscuridad amarga
nos dejará, como siempre,
con la vida a las puertas
(o a las puertas de vivirla).
Por las historias que rondan tu mente. Por las ganas de cambiar el mundo. Por las rimas. Por la música. Por el arte... El primer puercoespín enamorado de las letras comparte sus cuadernos de poesía. Cuidado, puede ser muy dulce o utilizar sus púas.
miércoles, 27 de marzo de 2019
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Ahora me toca leerte a mí, soy todo... ojos, supongo: