viernes, 14 de noviembre de 2014

La mente lo sabe - cap. 10





LA MENTE LO SABE
Una niña pequeña puede crecer, un árbol dar fruto, un animal morir, pero todos tienen una historia que contar, una vida (corta o larga) que narrar antes de viajar a otro mundo. Mónica contará su historia y nos introducirá al mundo de la belleza, a la destreza total de lo natural y a los secretos de la mente. Bajo la mirada y la protección de Shrilka, Mónica luchará por un motivo justo: volver a casa.


Capítulo 10 – ¿Quién? ¿Qué? ¿Por qué?

Cuando Kana se fue de la habitación para que Mónica descansara, la habitación quedó totalmente a oscuras. Mónica se hacía mil preguntas, pero sabía que en aquella repentina oscuridad no las encontraría, así que decidió dormir y esperar a que la chamana le contara más cosas sobre quién era y qué estaba haciendo allí.

Dos horas después, una voz grave y cariñosa la despertó con mucho cuidado. Sobresaltada, Mónica se incorporó rápidamente en la cama y miró al enorme dragón que tenía delante.

-         ¿Quién eres? – Preguntó con la voz algo temblorosa
-         Tranquila, Monésh, soy yo, Shrilka – contestó con el mismo tono cariñoso
-         ¿Monésh?
-         Es tu nombre, Monésh Sortleen, princesa de los Sortlain… Mi hija
-         Perodna, Shirka, pero creo que te equivocas de persona
-         En realidad es Shrilka y reconocería a mi hija donde fuera.

Ninguno de los dos había cambiado el tono de voz; el de Shrilka dulce y hogareño y el de Mónica tembloroso y tenso. Tampoco sus posturas habían cambiado; el dragón sentado sobre sus patas traseras y con el cuello agachado para poder entrar en la habitación, y la joven en la cama apoyada sobre su brazo izquierdo.

La conversación no parecía que les fuera a llevar muy lejos, así que Kana decidió intervenir.

-      Sortlain, creo que el problema de memoria de tu hija se agrava con los años… Quizá no debieras forzarla a ir tan rápido esta vez.
-         Pero es mi hija.
-         No lo soy – protestó Mónica

Esta vez Shrilka no pudo contenerlo más y su cara dejó ver por un instante la tristeza y el dolor que sentía ante aquella afirmación.

Mónica no quería dañarlo, pero no podía hacer otra cosa, ella no era su hija, de eso estaba segura. ¿Cómo podría serlo? Ella era humana y él un… ¡un dragón! Un enorme lagarto volador que podía escupir fuego por la boca… ¿Cómo iban a estar emparentados?

-         Sortlain, me permites hablar a solas con ella, quizás ella tenga algo que contar que nos sirva para… aclarar las cosas.

El dragón no habló, bajó la cabeza y salió de la habitación por una de la pared del fondo. Mónica se le quedó mirando mientras se iba.

-         ¿Es una puerta para dragones?

Puede parecer una pregunta estúpida, pero por alguna razón, Mónica tenía la necesidad de preguntarlo, Kana se sorprendió, pero decidió contestarla.

-         Sí, algo así – contestó sin darle mucha importancia.
-         ¿Si no es una puerta para dragones, qué es exactamente?
-         Es una puerta… para… todo tipo de criaturas que no entren por las puertas convencionales.
-         Interesante.
-         Puede que sí, nunca lo había pensado.

Mónica se encogió de hombros y se volvió a tumbar en la cama sin añadir nada más. Kana se la quedó mirando como si realmente algo no encajara, pero Mónica no se dio cuenta.

-         Antes de dejarte descansar otra vez – dijo Kana acercándose con cuidado a la cama – ¿hay algo que quieras preguntarme?

No obtuvo respuesta

-         Bueno, ya te vendrán las preguntas a la cabeza… Hasta entonces, me gustaría preguntarte algo yo a ti.

Mónica parecía no estar escuchando nada, pero Kana ya estaba al lado de la almohada y podía ver que la joven aún tenía los ojos abiertos

-         ¿Cómo te llamas? – preguntó dudosa Kana

Mónica se tomó su tiempo antes de contestar

-         Creo que Mónica, pero quizás me llame Monésh y sea la hija de un dragón

El tono de voz de Mónica estaba tan falto de emoción que Kana no quiso seguir preguntando, algo no encajaba, pero no sabía qué era…


Shrilka y Sharick estaban en medio del entrenamiento cuando el tercer y anónimo personaje se les acercó, haciéndoles parar en seco con lo que estaban haciendo.

-         ¿Qué pasa, Toru?
-         Algo va mal

Los dos, Sharick y Toru, se miraron a los ojos mientras el dragón fijaba la mirada al suelo. Permanecieron así, en silencio, durante unos segundos hasta que Shrilka rompió el silencio.

-         Si no puedes decirme QUÉ va mal, no me sirve de nada que me digas que ALGO va mal

No había sido una reprimenda, ni si quiera le estaba culpando de ello, sólo parecía indicar algo obvio que, al mismo tiempo, le apenaba terriblemente.

Toru asintió y salió de nuevo fuera de la sala de entrenamiento.

-         Saldrá de esta
-         Lo sé, sigamos entrenando para cuando eso pase
-         Si necesitas algo…
-         ¿Puedes traer a mi compañera de vuelta?
-         No
-         Entonces no hay nada que puedas hacer por mí, pese a todo el Kia que controlas

Aquellas palabras parecían haber apenado a los dos, pero siguieron combatiendo en silencio como habían hecho hasta entonces.


Kana y Shrilka se habían reunido en la frontera entre las tribus. Ambos llevaban ropas rituales y la chamana sostenía en su mano derecha un cuenco de barro con un extraño ungüento amarillo y pringoso que estaba aplicando al dragón en el morro dibujando glifos incomprensibles.

-         Sé que no te gusta recurrir a esto, Sortlain, pero es lo único que puede decirme la verdad sobre la joven que reside en mi cabaña.
-         No soy muy amigo de viajar en el tiempo, pero confío en ti para traerme de vuelta
-         Lo haré. Ahora cierra los ojos y concéntrate en lo que sabes sobre tu hija y en cómo ha vuelto otras veces del trance en el que se encuentra.

Dos horas estuvieron allí sentados, aparentemente inmóviles, mientras la mente del dragón trataba de conectar con la de Monésh.

-         No la encuentro – sentenció pasadas esas dos horas
-         Entonces no es ella la que está ahora en mi cabaña, ¿qué quieres que hagamos con ella?
-         Hablaré con ella otra vez, no será mi Monésh, pero tampoco nos ha hecho ningún mal, hasta ahora es sólo una niña perdida que se parece mucho a mi pequeña.
-         Está bien, trataré de convencerla para someterse al mismo ritual que acabas de pasar tú, quizás así descubramos quién es y qué hace aquí.
-         Pues no hay tiempo que perder

Tras hablar con Mónica y explicarle el funcionamiento del ritual y el resultado de la búsqueda de Shrilka, la joven aceptó, no sin dificultades, a intentarlo.

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