Dediqué a tus brazos mis lamentos,
me dejé acunar por tu calor,
probé el sabor de tus besos
y me embriagó su suave licor.
Mas pasaron sutiles las horas
y perdimos la ocasión.
No caen ya las hojas en otoño,
ya no llega a mi vida el sol,
te has ido y me has dejado sola,
sin ti quedó una estela de dolor.
Se quedó seco este cauce,
y marchito el corazón.
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Ahora me toca leerte a mí, soy todo... ojos, supongo: