Se pasaba las horas
perdida en su infinito,
parando el reloj de arena
antes de dejar caer otro grano,
el último…
Giraba alrededor el mundo,
pero no para ella,
siempre en su cuento fantástico;
inalcanzable,
eterna…
Perdí la cuenta de las veces
que quise entrar en aquel horizonte,
ver lo que tanto brillaba en sus mejillas,
la razón de esa sonrisa despistada,
el motivo de aquellos eternos suspiros...
Apenas se daba cuenta,
absorta,
de mi fascinación por ella…
Y hoy,
soy yo la que se pierde
al encontrarme con esa mirada,
al entenderla, por primera vez
y sonreír,
dando vueltas por su infinito…
Hoy,
su eternidad
vuelve a ser la mía.
Por las historias que rondan tu mente. Por las ganas de cambiar el mundo. Por las rimas. Por la música. Por el arte... El primer puercoespín enamorado de las letras comparte sus cuadernos de poesía. Cuidado, puede ser muy dulce o utilizar sus púas.
jueves, 17 de noviembre de 2016
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