Viví en el miedo de encontrarte
vacío, rendido en mitad del invierno.
Inmóvil en el hielo de este lago agridulce,
escarcha y vapor como todo discurso,
belleza escondida en tus ojos de cristal...
¿Por qué el frío habría de apagarte?
¿Por qué el gris del cielo no te pintaría
entre contrastes de aguanieve y granizo?
Temí el adiós sobreentendido,
los versos a medias en tu diario.
Me prohibí esperarte en esta orilla,
por si volviera el verano a despertarnos.
Y, sin embargo, no olvido.
¿Por qué tu mano no alcanzaría la mía?
¿Por qué este cuento habría de acabarse
sin nuestro final feliz a las puertas del castillo?
Ignoré el curso del tiempo,
quise adelantar las estaciones,
pero perdí la cuerda en el laberinto...
Morí en las ganas de encontrarte
incandescente y feliz bien entrado el otoño.
Vivaz en las aguas de aquel lago agridulce,
canción de primavera en tus labios,
mi error reflejado en tus ojos de cristal.
Por las historias que rondan tu mente. Por las ganas de cambiar el mundo. Por las rimas. Por la música. Por el arte... El primer puercoespín enamorado de las letras comparte sus cuadernos de poesía. Cuidado, puede ser muy dulce o utilizar sus púas.
lunes, 30 de marzo de 2020
Cristal
Etiquetas:
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poesía
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Ahora me toca leerte a mí, soy todo... ojos, supongo: