martes, 27 de mayo de 2014

La mente lo sabe - cap. 5



LA MENTE LO SABE
Una niña pequeña puede crecer, un árbol dar fruto, un animal morir, pero todos tienen una historia que contar, una vida (corta o larga) que narrar antes de viajar a otro mundo. Mónica contará su historia y nos introducirá al mundo de la belleza, a la destreza total de lo natural y a los secretos de la mente. Bajo la mirada y la protección de Shrilka, Mónica luchará por un motivo justo: volver a casa.

Capítulo 5 – Los Adultos y muchas preguntas


Mónica todavía no se creía lo que había pasado, tenía demasiadas preguntas y no parecía que nadie quisiera responderlas, así que se limitó a permanecer de pie y tratar de escuchar las palabras de aquellos seres que le hablaban en un lenguaje que no conocía.

-         Shrilka, ¿estos son..?
-         Sí, peque, son los adultos
-         ¿Y qué se supone que tengo que hacer yo ahora?
-         De momento, callar.
-         Pero es que no entiendo ni una palabra de lo que dicen.
-         Calla, peque, luego te lo explico todo.

Podréis suponer que Mónica se quedó con ganas de preguntar algo más, pero decidió obedecer, nunca le había llevado la contraria a Shrilka en algo importante, y sabía que aquello lo era.

Los adultos, ya en su forma natural, seguían hablando en el mismo tono profundo y en aquel lenguaje que era tan desconocido para Mónica. Al menos podrían hablar en algún idioma que entienda, parece mentira, pudiendo elegir entre cinco idiomas van y hablan en uno que no se parece a nada de lo que haya oído nunca…

De pronto todas las miradas se posaron en ella y uno de los adultos se le acercó a menos de un metro. Por la posición en la que estaba, supo que era el que había adquirido la forma de Ana, lo cual le tranquilizó un poco, pues sabía que al menos ese hablaba su idioma.

-         Aprendiz, Mónica Sortleen, ¿es ese tu nombre?
-         Sí, lo es
-         Mónica Sortleen, ¿has sido instruida en el arte de la lucha?
-         Sí, he sido instruida
-         Mónica Sortleen, ¿sabes quién soy?
-       No, no lo sé – pese a haber mantenido una actitud seria y una pose rígida durante toda la charla (no quería que la vieran como a una niña asustada), esa respuesta dejaba clara su ignorancia, así que se vio obligada a agachar ligeramente la cabeza.
-   Mónica Sortleen, no se avergüence, el conocimiento se adquiere con los años, Shrilka Bonerts Sortlain, el honorable y galardonado dragón de luz que hoy nos acompaña, nos ha puesto al día de la situación.
-         Grandullón, eso tienes que explicármelo – le dijo, aguantando una sonrisa.
-     Mónica Sortleen, ¿sabe usted por qué está aquí? – Esta vez era otro de los Adultos quien se había acercado a ella
-      No del todo, la verdad.
-      Entonces, no hay tiempo que perder.

Y sin pronunciar una palabra más, el grupo de Adultos se reunió a unos treinta metros de Mónica, Shrilka y Sharick y empezó a pronunciar frases en aquel idioma extraño.  

-         Shril’mahana, täuto de stókna, shohâna, Röushzà

Mónica escuchaba atenta intentando entender algo, sabía que esas palabras ya las habían pronunciado antes, sabía que tenían que significar algo realmente poderoso, pues ese idioma debía ser el que controlara la magia, pero aún no tenía ni la menor idea de qué significaban realmente.

-         Enana, déjalo, nadie salvo ellos conoce el significado de esa frase
-         ¿Cómo has sabido que intentaba..?
-         Todos lo hemos intentado nuestro primer día, luego ya lo dejas por imposible.
-         Pues yo no me rindo tan fácilmente… - susurró para sí, luego elevó algo más la voz – Y después de tanto tiempo, ¿no sabéis, al menos, qué hacen esas palabras?
-       Hay muchas suposiciones al respecto, pero solo un Adulto conoce la verdad a cerca de ellas.
-         Eso no me vale, Shrilka, sabes que si me empeño en saber algo…
-      Lo sé, pero esto no es como esos juegos de lógica que tanto te gustan, peque, los Adultos son la fuerza más poderosa de los reinos, no van a dejar que una pequeñaja como tú descubra su mayor secreto
-         Eso ya lo veremos…

-         Shril’mahana, täuto de stókna, shohâna, Röushzà. Shril’mahana, täuto de stókna, shohâna, Röushzà

De nuevo la luz, el mareo y… 

-         ¿Dónde estamos? No veo nada, ¿Shrilka?
-         ¿Enana? ¿Dónde estás?
-         Sharick, estoy aquí, dame la mano – ambas extendieron la mano para poder adivinar la posición de la otra
-         ¿Tú tampoco has visto al grandullón?
-         No, ¿qué está pasando, maestra?
-         Aún no soy tu maestra… Busquemos a Shril

Mónica quedó petrificada ante la voz de Sharick, definitivamente debían de estar en peligro, no era la única que lo había notado. La lucha estaba cerca, era lo que le había confirmado la voz seria de Sharick y esa afirmación… algo no iba bien… Claro que no, ¿dónde estaba Shrilka? ¿Qué estaba pasando? ¿Y los Adultos?


[Mientras tanto Shirlka, al otro lado del valle]

-         Cuanto tiempo, Sortlain…
-         Ransrik, debí imaginar que eras tú
-         Claro, Shril, sabes que siempre cumplo mis promesas
-         Querrás decir tus amenazas, ¡traidor!
-         No te enfades tanto, siempre fuiste el predilecto, no te degrades a ese nivel…
-         ¡Da la cara si tienes lo que hay que tener, cobarde saco de carne!
-         No está bien que insultes a tu hermano, Shril, y más si tiene tu cuello tan a mano

Dicho esto, un dragón gris con una enorme cicatriz a lo largo de la cola, atravesó la espesa niebla a la velocidad de la luz y agarró el cuello de Shrilka entre sus garras.

-         Ahora me vas a pagar todo lo que me debes, hermanito
-         Yo no te debo nada, Ransrik, y deja de llamarme hermano, perdiste ese derecho hace mucho…
-         Será mejor que no me cabrees, hermano, nunca fui un dragón paciente…

Apretó más la presión que su afilada garra ejercía sobre el duro cuello de Shrilka.


[En el colegio, 20:30 hrs.]

La clase de cálculo había empezado y todos se extrañaban de no ver allí a la alumna estrella, Mónica nunca se perdía una clase, pero mucho menos una de cálculo con el bien apodado profesor “Einstein”.

-         Profe – preguntó una de las alumnas – no es que me importe demasiado, pero ¿y Mónica?
-         Pues no lo sé, señorita García, pero ya no sabía que se preocupara usted de las faltas de asistencia de sus compañeras
-         Sólo quería saber si ya la habían expulsado por rara
-         Eso está completamente fuera de lugar, ¿no cree?
-         Pues no, Eins… Alberto, no.. lo creo.
-         Vaya, veo que aquí también han buscado un nombre original para mí… - dejó la tiza en su sitio y se dio la vuelta hacia la clase – Esta bien, en vista de que no parece interesarles demasiado hablar de derivadas, ¿por qué no me ponen al día? A ver si lo he entendido bien; yo soy Einstein, Mónica Sortleen es “la rara” y ¿usted es?
-        
-    Vaya, parece que ahora sí guardan silencio, está bien, sigamos a lo nuestro… ¿Dónde estará Mónica? Miraré en la sala que le dejamos. Espero que no le haya pasado nada, no me gusta la cara que traía últimamente a clase, yo creo que está en problemas… Espero que no sea por Shrilka

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ahora me toca leerte a mí, soy todo... ojos, supongo:

Lo más leído